fbpx

Relatos del Libro Azul II

COPO DE NIEVE

(SNOWFLAKE)

Antes de que inicie este relato, imaginando que si estás aquí es porque sientes curiosidad sobre ciertos temas, solo te diré que este no es mi cometido, viéndome imposibilitado para aclarar las dudas que te surjan al respeto de cómo y porque se han decidido desvelar algunas historias de mi interior. Aclarado este punto, doy inicio a la narración de los hechos.

Copo de Nieve o como cariñosamente la conocemos ya en la tierra de las puertas, Snow, pertenece a la raza humana. Su habita actual es un planeta conocido como tierra. Esta gran bola azul del universo, fue destinada a ser el hogar de dicha raza por orden directa de Gea.

En los días del presente temporal de este mundo, Snow, trabaja a jornada partida en una óptica de la avenida central de su población, conocida ésta, con el nombre de Urtleg al i avonaliv.

El mencionado comercio ocular, está ubicado hacia el extremo central de una ancha rambla dónde el trasiego de gentes es fluidamente numeroso. En todo momento del día, las personas deambulaban por ella debido al elevado número de comercios que en la misma convergen.

Un día como tantos otros, en el que a Snow le faltaban pocas horas para finalizar su jornada laboral, mientras al frente de su mesa atendía a un último cliente que se estaba probando unas gafas, sonó el teléfono.

-Perdona un segundo, pero tengo que cogerlo – Se disculpó Snow ante su clienta.

-¡Claro, faltaría más! Por mí no te preocupes. – Le respondió ella sin dejar de mirarse en el redondo espejo que tenía delant

Snow descolgó el aparato mientras decía: – Buenas tardes ¿En qué puedo servirle? – Preguntó como de costumbre.

-Snow, soy Mirian. Quería decirte que me va a ser imposible llegar para el cierre, me ha surgido un evento social que no puedo eludir y quería saber si podías cerrar tú la tienda. – Dijo la voz de su jefa al otro lado del aparato.

-¡Claro, no te preocupes por nada! ¿Cojo las llaves de emergencia que tenemos en la trastienda? – le preguntó Snow.

-Sí, claro. Están guardadas en el cajón derecho de la estantería. – Le aseguró la otra mujer.

-Perfecto, pues pásatelo genial y disfruta al máximo. – Le deseo Snow segundos antes de colgar.

La noche había caído en el exterior, mostrando una avenida vacía y silenciosa. Los comercios cercanos hacia varias horas que habían cerrado, pero Snow, con las luces de emergencia encendidas y el cartel de cierre colgado en la puerta, todavía continuaba colocando la mercancía que había llegado esa misma tarde, en los expositores interiores del local. Mientras organizaba el gran escaparate que transparentaba el exterior, se percató un tanto extrañada de la nula movilidad externa. Eso no era lo habitual, pues siempre había gente sentada en los bancos que recorrían el largo paseo o personas esporádicas que disfrutaban de las caminatas nocturnas, de ahí su extrañeza. Pero no dándole más importancia su mirada se elevó hacia el lecho estrellado, recreándose unos instantes, en su relajante contemplación.

-Hoy las estrellas parecen brillar con más intensidad. ¡Qué bonita está la luna llena! – Se dijo interiormente.

-¡Bueno Snow, es hora del cierre! – Exclamo lanzando un profundo suspiro mientras se hablaba a sí misma en voz alta.

En aquella penumbra de cálido reposo que envolvía el interior del local, cogió su abrigo de color rosa pálido y su pequeño bolso que ya había preparado con anterioridad dejándolos encima del mostrador central, acto seguido, se dispuso a revisar mentalmente las cosas que tenía que dejar preparadas para el día siguiente, antes de dirigirse a la salida.

-Todo listo. – Dijo satisfecha.

Se dio media vuelta con las llaves en la mano y justo cuando estaba a punto de tirar hacia sí para abrir la puerta, un sonido de campanillas le hizo girar con prontitud la cabeza. Entre una mirada de asombro e incertidumbre, volteó con lentitud todo su cuerpo, sin dejar de sujetar con firmeza el tirador de la puerta que ahora quedaba a su espalda. Lo que estaba sucediendo no parecía lógico y esto la mantenía tensionada. En la gran estantería central, al fondo del local, una de las gafas de tono verde cálido empezó a brillar con intensidad, al tiempo que ese suave sonido de campanillas se hacía relajantemente más elevado. Snow sintió el impulso de salir corriendo pues su asombro se había convertido en temor. Inquietud por lo desconocido. Viró un poco la cabeza, fijando su vista en el gran escaparate que transparentaba el exterior, mientras deseaba con todas sus fuerzas, que aquel extraño acontecimiento, fuera fruto del cansancio acumulado por tan intensa jornada. La mano sudorosa que mantenía tras la espalda, se aferraba con fuerza al tirador de la puerta sin atreverse a soltarlo. Con lentitud, volvió la mirada al frente para comprobar ante su sorpresa que ahora, aquella gafa no solo irradiaba una luz potente, sino que levitaba en el tranquilo espacio de la estantería. Entre recelo y confusión al no entender lo que estaba sucediendo ahogó un grito en su garganta. Por unos instantes, cerró los ojos tratando de resolver si marcharse sin mirar atrás, olvidándose de lo que estaba presenciando o armarse de valor e ir hacia adelante para descubrir que sucedería al acercarse.

-Si te vas ignorando lo que pasa, la duda te perseguirá toda tu vida. Tú lo sabes. – Se decía en un monologo mental.

-¡Vamos, se valiente! – volvió a repetirse infundiéndose ánimos al tiempo que abandonando la postura de rigidez y soltando el abrigo y el bolso sobre una de las mesas cercanas que servían como probadores de gafas a los clientes, con actitud decidida pero cauta, se aproximó con lentitud hacia donde estaba sucediendo el fenómeno.

Cuanto más se acercaba, el espacio penumbroso que la rodeaba se inundaba de aquel toque de campanillas, semejante al producido por un muy especial trineo deslizándose por la blanca nieve. Su cuerpo temblaba por la incertidumbre del momento, pero se sorprendió, cuando al llegar justo delante de aquella vidriera, descubrió que no sentía temor alguno. Era paz. Una tranquilidad que equilibraba cuerpo y mente, como si todo desbalance anterior que pudiera albergar, hubiera desaparecido. Sus grandes ojos no podían dejar de mirar la levitante gafa que ahora se balanceaba a derecha e izquierda simulando un compás inusual. Como una niña curiosa, alargó su mano hasta el cristal y sin saber porque con uno de sus dedos intentó tocarlo, comprobando que ahora ya no estaba ahí. Una honda vibracional, al igual que cuando tiras una piedra en la quietud del agua, se formó, obligando en ese momento a la detención del sonido que anteriormente se esparcía por la estancia. El cuerpo de Snow se enderezó y su cabeza miró tras ella. Todo seguía igual. El bolso, las llaves encima del abrigo, la puerta cerrada, el exterior tranquilo. En ese momento decidió sin titubear, cruzar hacia donde aquella honda mágica, la quiera transportar.

Snow en ese instante, supo ver con los ojos del corazón, más allá de toda materia, encontrándose de repente al otro extremo de la puerta del regresar. Aunque ella lo desconocía, estaba al principio del todo. En ese espacio y tiempo que no todos tienen el privilegio de visitar.

Se encontró en ese territorio que invisible a ciertos ojos, arrulla la amorosa inmensidad. Tras su llegada a esas magnificas tierras, conoció a muchos otros seres y compartió con ellos grandes aventuras, pero como su espíritu no era del todo guerrero, se descubrió así misma, encontrando el lugar al que pertenecía y al que inconscientemente, su anhelo, la empujaba a regresar. Ese lugar se llama, Néde y al pisar esa tierra fue recibida por la misma Gea. Compartieron grandes paseos por bosques tupidos en los que las almas de los árboles salían de sus troncos para reverenciarla. Recorriendo estos paisajes naturales en compañía de la diosa de la tierra, Snow sintió la imperiosa necesidad de despejar una duda que siempre había albergado en su corazón.

-Gea, tengo una pregunta que me ronda en la cabeza ¿te importaría contestarla? – A lo que la dama de la tierra mirándola con ternura Respondió: – Adelante, estoy aquí para resolverla. –

-Mi duda es, que, si alguien ha vivido como humano, llegado el momento en el que ese cuerpo fenece ¿Podría renacer o convertirse en nederiano donando su alma a un árbol de Néde? – Inquirió la apariencia humana de aquella nederiana.

-Una pregunta muy profunda mi querida Snow, pero no difícil de responder para mí. Tu misma has llegado aquí, por la puerta del retorno. Unos la alcanzan cuando ya son energía, otros como tú, mucho antes. Precisamente las energías que regresan al principio del todo, permanecen un largo espacio de tiempo en la tierra de las puertas. Transcurrido un tiempo, es cuando eligen su nueva raza, sintiéndose preparados para afrontar la fase de ese conocimiento superior, dentro de la evolución del ser. ¿Qué significa esto? Tú eres un alma vieja. Naciste como nederiana, ese fue tu principio, pero cuando la madre tierra reclamó tu cuerpo por vez primera, tu energía se elevó liberándose del mismo. Transcurrió ese tiempo necesario para la elección de la nueva raza que fusionaría energía y materia, volviste a tomar la presencia de una nederiana. Muchas vidas energéticas pasaron regresando siempre como el alma de un árbol, pero en la última decisión, tu elección fue otra. Decidiste evolucionar y para ello tenías que pasar por los aprendizajes necesarios, logrando con ello alcanzar ese alto grado de conocimiento. Uno de tantos planetas escuela del infinito espacio que no tiene principio ni fin, es del que ahora procedes. Iluminaste un vientre femenino fuera de las dimensiones de nuestro universo. Llegaste a él con apariencia energéticamente invisible, para crear vida en su interior. En ese instante de contacto con la materia, tu energía se fusionó con el cuerpo que empezaba a formarse y al que ya pertenecerías para tu largo aprendizaje. Es justo en dicha fusión, cuando se pierde en el espacio la memoria de lo que eres…

«…Todos vuelven al principio del todo. La puerta del retorno es la única que no puede sellarse.

Tu forma de ver la vida, de comprenderla, de mirar con los ojos del corazón, te ha concedido el privilegio de visitar el lugar de tu principio.

Después de esta extensa explicación, decirte sí, a tu pregunta.

Aquí todos nos unificamos, pues, aunque por necesidad estemos en otros mundos, sabemos cuándo uno de los nuestros regresa y siempre nos reencontrarnos. Mi querida Snow, tu energía es nederiana, eternamente eres y serás, el alma vieja de un árbol de Néde, porque tú principio, lo eligió así.

No tardarás en regresar a la tierra, pues todavía no eres una vigilante, aún te falta la sabiduría que se requiere para ser uno de ellos. Necesitas crecer en conocimiento para trascender a ese otro plano de aprendizaje que te conduzca a una nueva elección de raza.

No puedo explicarte todavía, lo que implica ser un vigilante, pues se requieren unas capacidades muy elevadas de entendimiento para asumirlo sin dañar la mente que ahora posees.

Te aconsejo cuando regreses al planeta de la raza humana, que nada de esto cuentes, pues ninguno de ellos te creerá. Esa raza en concreto, pierde prontamente la memoria de lo esencial y en ocasiones se vuelve cruel incluso con los de su propia especie. Las energías negativas los seducen con demasiada frecuencia, siendo fáciles de corromper.

Cuando te sientas triste, decaída, busca en un parque de árboles, en una arboleda alejada del ajetreo, en un bosque profundo en donde reine el silencio, a tu árbol natal. Cuando estés delante de él, tu corazón, lo sabrá. Solo así te sentirás completa y toda angustia desaparecerá. Quiero decirte para terminar, mi querida Snow, que disfrutes el tiempo que pases aquí, en la tierra de las puertas, pues presiento, que tardaremos un tiempo en volver a disfrutar de tu presencia.» –

Cuando Gea terminó, Snow de repente, sintió en lo más profundo de su ser, que había regresado a casa.

Durante su estancia en la tierra de las puertas, conoció a Karnákos, hompájaros, arpías y otras muchas razas. Participó en grandes rituales como nederiana que era y un día sin más, se encontró nuevamente en aquel espacio trémulo, Delante de aquella estantería de cristal, pero ahora la gafa se mostraba inanimada. No había música de campanillas y todas las estanterías del lugar eran más o menos iguales, sin ningún atisbo de magia. Monótonas y aburridas. Allí seguía su bolso, su abrigo de rosa pálido con las llaves encima, como si el tiempo no hubiese transcurrido, pero algo en Snow, había cambiado. Ahora, sabía quién era y de donde procedía. La paz interior la iluminaba, haciendo que la sonrisa que se dibujaba en su precioso rostro, fuera totalmente única.

Cuando salió al exterior, una vez cerrado el comercio, se sintió totalmente libre, pues ahora conocía el secreto del principio y que, en ese manto estrellado del firmamento, flotaba un lugar lejano en el que todos nos encontramos. Miró al cielo y una de esas estrellas se iluminó con intensidad, como diciéndole, sí, aquí estamos pequeña y maravillosa Snow. Ella simplemente, devolvió la sonrisa con calidez.

 

More to explorer

Relatos del Libro Azul III

EL VIAJE DE ANNA   Una de esas rutinarias mañanas, en la ciudad de Nápoles, una hermosa joven llamada Anna, terminaba sus

Relatos del Libro Azul II

COPO DE NIEVE (SNOWFLAKE) Antes de que inicie este relato, imaginando que si estás aquí es porque sientes curiosidad sobre ciertos temas,

Relatos del Libro Azul I

Relatos de la raza humana Son tantos los caminos que se funden en mí. Tantas las historias en tinta que atesoro, que

2 respuestas

  1. Muchas gracias Guille por tu comentario, me encanta poder ínter actuar también por aquí. Cualquier pregunta, cualquier comentario que te apetezca comentar, me encantará responderlo. Muchos besicos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *